Cuando eran más o menos las diez, Matt me cogió de la mano y me sacó de la fiesta y me vendó los ojos. Estuvimos un tiempo en el coche y cuando me quitó la venda de los ojos, estábamos en una habitación de hotel, era enorme, casi como una casa entera, me cogió de la mano y me llevó a la habitación sonriendo. Nos tumbamos en la cama.
-Soy el hombre más feliz del mundo.-Me dijo al oído sonriendo. Yo sonreí también.
-Y tu no sabes lo feliz que soy yo ahora.-Cuando dije esto me besó tiernamente y me bajó la cremallera del vestido, yo fui desabrochando los botones de su camisa hasta quitársela, le miré el torso, dos años juntos y aun no me acostumbraba, era tan perfecto, amaba cada milímetro de su cuerpo y cada tatuaje que tenía, los podría decir todos de carrerilla sin dudar ni una sola vez. Pasé mis manos por el deathbat de sus abdominales, siempre me había fascinado. Le miré a los ojos y sonreí, él me devolvió la sonrisa y volvió a besarme. Pasó sus manos por mi espalda desnuda hasta llegar a mis caderas quitándome la ropa interior. Le quité el pantalón mientras le mordía el labio. Él me besó el cuello y empezó a bajar pasando por mis pechos hasta llegar al ombligo, volvió a subir pasando la lengua por mi barriga. Me volvió a besar y me puso la mano en la entrepierna, yo solté un leve gemido y él sonrió. Pasó sus manos por mis muslos haciendo que abriera las piernas lo suficiente para que pudiera entrar, volví a gemir pero cada vez más fuerte, cada vez empujaba más y más deprisa. Un pequeño escalofrío pasó por mi espalda y un leve temblor de placer recorrió mis piernas. Grité de placer y Matt también lo hizo, se giró y se tumbó a mi lado respirando aceleradamente, rodeé su torso con mis brazos y apoyé mi cabeza en su pecho.
-Te quiero.-Susurré. Me rodeó con su brazo.
-Yo también te quiero pequeña.- Me dijo cariñoso, yo sonreí y me dormí en su pecho.
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